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EL DIA DEL MANCHAO (DIRTY DAY) Segunda parte

Posteado en TODOS con etiquetas, , sobre Abril 16, 2008 por hyperion

“Recuerdo aquella colina arrasada con napalm. El olor del napalm es algo especial al amanecer. Aquella colina olía a… victoria.”
 (Robert Duvall, Apocalypse Now)

SEGUNDA PARTE: DE PERDIDOS AL RÍO

   La primera bajada del telesquí se desarrolló sin problemas. Alguna estúpida caída pero sin mayores consecuencias. Fue en la segunda bajada cuando las cosas se empezaron a liar. Coincidí con Lando al coger el remonte. Aquí es importante hacer un inciso para mostrar su descaro: Viendo que había 15-20 minutos de cola en el telesquí, el tío ni siquiera se cuela por la entrada de monitores, no que va, no se le ocurre otra cosa que atacar la percha directamente. Entiéndase esto por lo que hacen los pisteros cuando el telesquí está parado. Entrar directamente esquiando por donde se sale con la percha. La gracia es que hay que medir bien, colándose justo después de que haya salido un esquiador y antes de que el siguiente coja la percha. La jugada si sale bien suele ser redonda, porque nadie se atreve a decirte nada, la gente… jajaja entra en estado de shock y estupefacción absoluta. No se lo pueden creer, literalmente. Y cuando lo empiezan a asimilar tú ya vas por la tercera pilona, así que ya te pueden echar un galgo. Además, es muy divertido ver la cara de completo alucine del fulano al que le robas la percha, creedme. Pero si la jugada sale mal…. mejor no entrar en detalle. Vamos, que hay que medir muy bien. Yo solo lo he hecho una vez.

   Pues viendo a Lando hacer tamaña jugada con todo morro soberano, y viendo que encima le había salido bien… que podía hacer yo? Tuve que seguirlo, pero no para aprovecharme de la misma jugada, no que va, lo tuve que hacer para perseguirle, entendedme, era una amenaza para el telesquí y yo tenía que vigilar a aquel tunante borracho para defender la integridad de la estación. Si hubiera tenido una bombillita azul y una sirena se la hubiera puesto a los esquís: Nii-Noo, Nii-Nooo…

   Al llegar arriba nos separamos de nuevo, cada cual enfrentado a su incierto destino (es increíble lo fácil que es perderte de un amigo cuando vas completamente borracho, en una loseta lo puedes conseguir). Empecemos por mí… Recuerdo aquella bajada como si aún estuviera allí… Cada vez que giraba me caía. Con lo cual me mosqueaba, me volvía a levantar, volvía a bajar, volvía a girar y… otra vez pal suelo, moreno. La cosa se puso muy pesada hasta que de golpe tuve una idea genial, casi como una epifanía: Si giraba y me caía, lo único que tenía que hacer era… no girar, verdad? Así que cogí y me lance a chus (huevo) la segunda parte del Dulce la Dueña. Y resultó bien, no me caí. De hecho resultó tan bien, se bajaba tan estupendamente y agustito que… me dormí. Literalmente. Esquiando y en medio de un huevo. Y me fui para el arroyo que había a la derecha del telesquí, como un coche con la dirección desequilibrada. Mi viaje terminó cuando me empotré en la vaguada del arroyo (la de enfrente). De aquella me desperté, vaya que sí. Tuve suerte, había bastante nieve y lo esquís amortiguaron el golpe. Las ataduras ni se soltaron, así que yo me quedé con los esquís encajados en la ladera de nieve hasta las botas, tumbado hacia atrás con las rodillas dobladas y la cabeza apoyada en el riachuelo. Y viendo que por mis medios no iba a salir de allí, me relajé. A fin de cuentas, estaba en jauja! Podía respirar, no parecía tener nada roto, estaba en una postura rara pero cómoda y por ende, cada vez que giraba un poco la cabeza podía sorber agua cristalina de las montañas. Mejorad eso.

   Y allí estaba yo tan estupendamente cuando aparecieron un par de pisteros y empezaron a interrogarme:

   -Aquí está el otro. Villaaa, veeen!
  -Ehhhh chaval, me oyes, despierta, te duele algo??
  -Noooooohhooo…
  -Tú que bebiste? Eh? TÚ QUE BEBISTE?

   En ese momento me giré hacia él y dirigiéndole la mirada más confiada que tenía en la guantera le espeté: UN MANCHAO

   Lo siguiente ya es más aburrido: Me sacaron de allí y me prohibieron coger el remonte en lo que quedaba de tarde. Yo estaba completamente indignado, no sabía por qué un estupendo esquiador como yo estaba excluido de las pistas. Cada vez que intentaba coger el telesquí subrepticiamente aparecía algún pistero para darme la vuelta. Era como si llevaran mi foto memorizada, no lo entendía… (jajaja ahora sí). Se me antojaban una panda de nazis, vaya. Así que al final me quedé en una caseta cercana descansando, con intermitentes episodios de regurgitación que me hacían estar entretenido.

   Ya, lo mejor fue ver como una ambulancia llegaba con las luces y la sirena a todo trapo. Fue muy espectacular, verles desplegar la camilla y correr ladera arriba como alma que lleva el diablo. Menudo espectáculo para el personal.

   Que raro –pensé-, alguien habrá tenido un accidente??

   FIN DE LA SEGUNDA PARTE