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EL DÍA DEL MANCHAO (DIRTY DAY) Primera Parte

Posteado en TODOS sobre Marzo 27, 2008 por hyperion

Achispado se esquía mucho mejor.”
(Cita  popular de Brañilín-Pajares)

skiing1.jpgAquello ocurrió en Febrero de mil novecientos ochenta y seis. Aquel viernes amaneció despejado y radiante, pero un poso a hiel se olía en el aire, como un oscuro presagio de lo que se avecinaba…

Yo tenía 16 ó 17 años. Pero no os imaginéis a un chavalín al que irías corriendo a arropar en cuanto hiciera frío. No, no. Eran 16 años muy bien llevaos, vamos, que estaba hecho un brazo de mar…. Y llevaba más de un año rodando por la noche.

Me acuerdo del comienzo como en el poema de Lorca: Era la una menos cuarto de la tarde, la una en punto menos cuarto (?? ;)) de la tarde….

Primera Parte: Los prolegómenos 

Era viernes y día blanco o como se llame, y nos disponíamos cuatro amigos a pasar el fin de semana en Pajares (llamémosles  Lando, Horacio y Sergio) . El plan era sacar forfaits de mediodía e irnos a esquiar a los telesquíes de la parte baja de la Estación (Dulce la Dueña, concretamente), porque había mucha cola en la silla. Pero cuando iba  a sacar los forfaits en la taquilla, me dijeron que hasta la una y media no los daban, así que nos fuimos Lando  y yo a la cafetería a tomar algo para hacer tiempo. Horacio y Sergio venían detrás nuestro, estaban todavía vistiéndose en el apartamento.

- Hola, buenos días- dijo el camarero*
- Hola, buenos días,  yo voy a tomar un café con leche y Lando va a tomar…
- Pónganos dos manchaos, por favor (mezcla de vino blanco y mistela)
- Lando, no es un poco pronto?
- A ti te parece de persona normal tomarte un café a estas horas?? Además, no oíste lo que dijo fulano , que achispao es mucho más divertido esquiar**? Que pasa, no hay güevos a tomarse un manchao, o que?
- Los que hagan falta y muchos mas Landito, faltaría. Donde está ese vaso, camarero!

A la una menos cinco empezamos a pedir botellas, directamente. A la una y diez , ya nos habíamos ventilado 2 o 3 botellas de manchao entre Landito  y yo. Usábamos ocurrentes juegos, pero como vimos que aquello no bajaba de nivel, a mi se me ocurrió uno espectacular: Ver quien se acababa el vaso de manchao de golpe en menos tiempo. Y el que ganaba evitaba beber… espera, ahora le veo el fallo al juego.

A la una y media habían caído otras cuantas botellas más, no sabría precisar, aunque estas últimas compartidas entre cuatro, porque Horacio y Sergio ya se nos habían unido. Huelga decir que les pareció una excelente idea lo de emborracharse de ley con una solapada excusa, Sergio incluso llevaba una botella entera en el anorak cuando salimos por la puerta de la cafetería, el gollete asomando invitador por el bolsillo. Para las pistas, decía…

Nada más ponerme el equipo en una explanada me levanté y tuve una pérdida de equilibrio para la derecha. Lo peor no fue eso, eso te puede pasar por dejadez, relax, etc, no hay problema. Cambias el peso y listo … Pero yo cuando corregí me dí un sopapo de morros en toda la nieve. Ahí supe que las cosas se estaban torciendo, algo en mi perfecta maquinaria engrasada estaba fallando.

El viaje dando palos fue un suplicio extenuante. Me caí varias veces y Sergio tuvo que ayudarme, con lo que se habían intercambiado “sucintamente” los papeles. Cuando por fin coronamos la loma que daba pie al “Dulce la Dueña” me sentí el hombre más feliz del mundo. Ahora empezaba lo bueno, nada de dar más palos. Todo hermosas pendientes donde yo demostraría mi valía y ese curioso tic –caerme constantemente- desparecería

Entretanto, volviendo al otro dúo, mientras esperaban a que los cogieran en autostop, a Lando no se le ocurrió otra cosa que miccionar. Con el condicionante de que estaba en medio de la estación, había mucha gente y aquello era muy indiscreto. Y con la mayor salvedad de que, en vez hacerlo mirando contra la cuneta, lo hizo luciendo sus encantos a los coches que pasaban. En ese despiste querría imaginarme que también Lando supo que algo se estaba torciendo, pero me temo que no. Es un espíritu indomable hasta el fin. Si fuera protagonista de una película seguro que se titulaba “Le llamaban Coraje” o algo así…

Al final, no se sabe de que manera, consiguió que un coche les llevara a los dos. Era una buena mujer de León que encima vivía cerca de su casa, así que todo el viaje se dedicó a recordar familia, vecinos y demás con la buena señora, supongo que apabullándola con su opulencia, mientras Horacio… se aburría? Me temo que no, porque al no llevar el coche baca en el techo –no os lo había dicho?-, adivinad quien llevaba dos pares de esquís y bastones agarrados como un fardo por fuera de la ventanilla. Que si rozaban contra el lateral del vehículo? I am afraid so.

Finalmente llegaron al telesquí (aproximadamente a la vez que nosotros, sobre las dos de la tarde), y después de una efusiva despedida de Lando que supongo impidió a la buena señora ver el destrozo en su chapa, se calzaron los esquís y se dirigieron raudos hacia la nieve. Había grandes cosas que hacer ese día…

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*Me temo que aquí me he permitido cierta licencia literaria, porque los camareros de la cafetería de la estación eran un poco más hoscos en el saludo. Un simple “hummmgrr” solía ser moneda de cambio.
  **Lo que Lando no dijo es que el tío que nos recomendó aquello era el mismo que te pedía cigarrillos en medio de la bajada y se los iba fumando mientras esquiaba… Mal referente