Como sobrevivir al jet lag
Posteado en Guías de bolsillo, TODOS con etiquetasHistorias, humor, Relatos sobre Marzo 3, 2008 por hyperion(Aventuras de un asturiano en Jersey, cap. 13. Escrito cuando viajaba por Estados Unidos)
¿El jet lag no es tu amigo…?
La gente habla de muchos remedios para dormir en el avión, entre ellos las pastillas. Dentro de estas, están las que puedes comprar en Estados Unidos, que son algo así como diamedrofina, y las españolas tipo dormidina y similares (si pides algo más fuerte en la botica, se niegan, y además te echan la famosa mirada “farmacéutica”, ésa llena de enfado paternalista, indignación y sospecha, así que olvidadlo). En mi caso… no valen para nada. Bueno, miento, eso no es cierto, una vez, cansado de su escaso efecto, en vez de una o dos pastillas, me tomé seis en una noche -pero de dos en dos, no os vayáis a pensar que soy un animal-. El efecto de la sobredosis fue una modorra brutal y mucho hormigueo por las piernas, así que en vez de dormir lo que conseguí fue levantarme –arrastrarme- cada hora para que no me diera el famoso infarto de los aires.
¿Alcohol? La verdad, salvo que lo tomes en dosis masivas no produce la inconsciencia, sino ganas de jarana, así que tampoco.
Sacad los cuadernos, este es el remedio perfecto: Llegas al avión y te descalzas rápidamente (hay que acordarse de revisar los calcetines ese día y limpiarse bien los pinrreles). Nada más sentarte te tomas dos pastillas. Y luego empiezas a beber güisqui. Sin prisa, pero sin pausa (sí, ya sé que las indicaciones de las pastillas ponen que no se deben consumir con alcohol, pero te las puedes tragar con un vaso de agua, no?). Al cabo de tres o cuatro horas, dependiendo de la cantidad y velocidad del güisqui ingerido, notarás que te duermes. Bueno, más bien te desmayas, porque el proceso entero dura de dos a tres segundos, así que procura estar reclinadito en tu sitio (y meadito) y no de ejercicio por los pasillos. Es un sueño más cercano al colapso nervioso generalizado que a una saludable siesta, pero tiene la ventaja de que al mezclar el alcohol con las pastillas te desvaneces y se te van las ganas de jarana… Porque os aseguro una cosa, y esto que os quede bien claro, tener ganas de farra en un avión es muy mal asunto. Se mueve el suelo, la peña está muy apalancada y las azafatas no te siguen la corriente. Es increíble, les entra a todas un complejo de madres aburridas que flipas. Quieren que no te levantes del sitio, que lleves el cinturón bien puesto, que te termines la cena, que no cantes, que no corretees por los pasillos, que no juegues con el asa de la salida de emergencia… un rollo de tías. Recuerdo una vez que, intentando conseguir el último alcohol posible en el Duty free (una vez cerrado, suelen regalar los botellines si los pides, a que no lo sabíais?), la azafata me miró toda seria y me dijo:
-Sabe usted cuales son los efectos del alcohol a 10.000 metros de altura???
-A mi me va a contar usted, señoooriiiitaa…
Si sería muermo la tía, yo camino de la troposfera y ella en plan catequesis
Así que ya sabéis, descalzos, reclinados, alcoholizados y empastillados, esa es la combinación perfecta. Inconsciencia garantizada. Y además, puede que hasta te confundan con una estrella del rock. Nunca se sabe, las cocteleras letales se llevan mucho en ese mundillo.
¿El despertar? Bueno, eso lo dejamos para otro día, casi mejor, ¿verdad? El neorrealismo para Fellini…
**El autor no se hace responsable del uso debido de este manual
