El Turco del barrio
Posteado en TODOS con etiquetasHistorias, Relatos sobre Enero 21, 2008 por hyperionEl otro día baje al Turco del barrio a llevarme un pedido para cenar. Y mientras esperaba, y como no tenía nada mejor que hacer, me dediqué a observar…
Aquel lugar era todo un pastiche: Estanterías donde se arracimaban botellas de ron, ponche, brandy popular y bebidas extrañas, quesos al lado de latas de coca cola Zero y mil cosas más. Detrás de la barra de metal había un horno con una chimenea oxidada envuelta en papel de plata, y un pañuelo carmesí brotando de una llave de…. gas? (¿Para qué rayos sale un hermoso trapo brillante de una tubería?)
Una pantalla plana inmensa dominaba la pared, y debajo de ella se apiñaban mesas de conglomerado con sillas de de tablao flamenco y servilleteros de propaganda. La pintura de las paredes era chillona y estaba desconchada, como el maquillaje ajado de alguna vieja cabaretera que no se ha dado cuenta que sus mejores años han pasado hace mucho, y continua arrastrándose por oscuros garitos, ofreciendo un aspecto desvalido y grotesco
Había cinco o seis personas en el local: Un ruso, un anciano en una mesa, un marroquí de buen aspecto, un ¿…? y una pareja de pijitos ñoños besuqueándose. Y digo ñoños porque parecía que estaban tomando algo sin esperar un pedido, con lo que… Llevar a tu pareja a morrear a un turco no suena como el planazo del siglo.
El joven ruso estaba sentado a mi lado, presuntamente borracho, estirado cuan largo era en un taburete, bebiendo una cerveza mientras contemplaba los videoclips del canal latino. Lo curioso es que, mientras yo buscaba un pincho en la barra para matar el hambre, cuando tuve que rodearle, no hizo el más mínimo ademan de recoger las piernas o al menos componerse un poco. No me mosqueó nada el asunto, la verdad, me imagino a los rusos así cuando van mamadetes (tirados y con mucho relax). Vamos, que no lo hacía por faltar, sino como un hermano en casa… Pero nunca se sabe. .. Así que fantaseé con que también podría ser un sicario inferior de la mafia ucraniana, tal vez haciendo tiempo discretamente antes de un trabajo, mostrándose indiferente hacia el género humano. Y es que al final, sin más datos, es una cuestión de probabilidad… y las posibilidades pequeñas siempre suelen ser más interesantes y divertidas ;)))
De pronto, nuestro amigo, saliendo de su letargo, se anima ante un nuevo clip musical y mueve los brazos, chasqueando los dedos y sonriendo. Pero en cuanto me giro para mirarlo de manera instintiva, se compone rápidamente y detiene en seco su conato de felicidad danzarina. Se recoge, como avergonzado de aquella demostración de algarabía. Juraría que era educación mezclada con timidez, deseo de mantener la compostura. Por tanto, era ruso bueno. Tal vez sicario pero buen chaval. Sin primera sangre todavía, seguro. De Odesa, quizás? ;) Aunque se le veía al pobre tan colgado que puede que viniera de cargar ladrillos, a tomarse simplemente unas cervezas, antes de ir a la pensión o al piso multi-compartido. Repitiendo sitio, busca alguna familiaridad, algo que le haga sentirse mas arropado en aquella dura soledad. El ser humano busca la compañia. Somos seres sociales, necesitamos a la manada
Finalmente se levanta y se va, con cierta vacilación en su andar pero maneras muy educadas, saludando al viejo de la mesa. A este último se le veía baqueteado por la vida. Llevaba un abrigo raido, gorro calado y playeras de velcro. Pero cuando me giré para poder observarlo más cómodamente, se ladeo en su silla, eluyendo mi mirada, como un patriarca gitano, pobre pero orgulloso, al que no le gusta que le escudriñen los payos bien comidos.
En la otra esquina de la barra había un joven de aspecto marroquí, aseado y bien parecido, apoyado en un taburete y dominando el local. Se le veía el mas frio de todos. No había nada en su mirada que dijera miedo, vanidad, alegría, enfado,… nada. Era como un autómata. Después de cinco minutos, el único gesto que le vi fue llevarse dos veces el gollete de la botella a la boca, y juraría que ni frunció los labios … Vendedor ambulante listo…? No se…era el más limpio y con mejores ropas de todos; zamarra de piel larga con borreguillo, pantalones marrones, playeras de buen aspecto (también de velcro… ¿?). Parecía un cyborg .El Marraquech T-9000, tal vez?
O sería un maleante? Tal vez… había algo inquietante en su absoluto desapego. Era como ese atracador de bancos que espera disimulando en una esquina a que aparezcan sus colegas por la puerta principal antes de encañonarte con una enorme pistola
La parejita de pijos ñoños empieza a besuquearse otra vez. Ella estaba de espaldas y no podía juzgar, pero de él tenía una panorámica completa: treinta y pico, buen aspecto, con jersey de pico azul marino y camisa de rayas a juego, y una melenilla hasta los hombros debidamente atusada. Me pregunté si ella sería su pareja, algún ligue o incluso una profesional (pasar el rato en aquel ambiente tan extraño…)
Por fin llega mi pedido y me dispongo a irme cuando aparece a mi lado un nuevo parroquiano, con aspecto de venir directamente de la construcción. 1,70m, ancho de espaldas, con esa complexión que hace que sepas que si mantuvieras una ronda de puñetazos con él, aquello iba a ser de todo menos una excursión campestre. Ropa gruesa usada y bastante sucia, gorro calado también… Turco? Hace el pedido en español con un fuerte acento (ufff entonces… del este, digamos) y se mantiene a un metro de la barra, atento, serio como todos, esperando. Mantiene el cuerpo en tensión, la manos en los bolsillos de su anorak y los puños cerrados, marcando sus nudillos contra la desvencijada tela, como aquel que, de manera instintiva, está acostumbrado a no relajarse, porque ha crecido en algún sitio donde sabe que la falta de atención puede significar un regusto súbito y dulzón en la boca, síntoma inequívoco de una puñalada trapera por la espalda. Es curioso, por un macabro azar del destino la costumbre educada de no dar la espalda a nadie se mantiene a rajatabla en sitios donde la educación o el respeto no significan nada.
Al final, lo que resultaba más chocante de aquel lugar es que, a su manera desencantada y triste, todos se comportaban muy dignamente. Nadie molestaba a nadie, todos eran discretos y con aspecto de conocer -o al menos haber conocido- el orgullo. Te sentías más seguro allí que en esos bares de moda, donde algún botarate siempre termina faltándote al respeto o tirándote una copa encima.
********************** PD: Y yo? Que qué aspecto tenía? Pues serio, tranquilo, el abrigo bien embutido, barba de tres días, mirando a la barra casi todo el tiempo y ocupándome de mis asuntos, como el resto de los parroquianos. La revista de cine y el pedido para llevar me delataban, porque si no, en aquel escenario… bien podría ser haber sido un rudo marinero siberiano mascando sus asuntos, mientras una veta plateada, como reflejos del Ártico, asoma en sus pupilas… ;))))))))))))
